Hace unos cuantos días me sentía agobiada, harta de
todo, con demasiado sufrimiento y pocas fuerzas. Escalando una montaña de
errores, mentiras, descuidos y mil cosas más que ahora intento no recordar.
Intentaba escalar y llegar a una cima que a cada paso que daba se hacía mayor
por más que escalase. Sentí que el lugar se hacía más grande y yo más pequeña
por momentos. Pero en estas situaciones, en las que minuto tras minuto solo se
escurren lágrimas por tus ojos, llegan unas personas que te dicen cualquier
tontería y te alegran el día. Tonterías sí, pero esas tonterías te demuestran
que están ahí siempre que lo necesites. Son tu salvación en este momento de tu
vida. Por ellos cogí mi mundo, lo levante de la miseria y lo cargue en mis
espaldas para volverlo a situarlo en el lugar correcto: La felicidad.

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